Miriam Mejías y María López |
Madrid (EFE).- Traducido al alemán, el apellido de un empresario entonces desconocido, Francisco Correa, bautizó hace 16 años a la trama Gürtel (‘cinturón’ en esa lengua), imagen de una época de la corrupción en España, de obras infladas y grandes eventos, que sacudió al PP, con condenas a dirigentes y una moción de censura que le sacó de la Moncloa.
La Audiencia Nacional inicia el próximo lunes el último juicio de esta macrocausa, el de la pieza principal de un gigante judicial que fue troceado en trece ramas y que ha tenido de todo: tres condenas al PP, dos absoluciones del expresidente valenciano Francisco Camps, el paso de un tesorero por prisión o la declaración, como testigos, de los expresidentes José María Aznar y Mariano Rajoy.
Han pasado 16 años desde que el juez Baltasar Garzón ordenara, en febrero de 2009, las primeras detenciones en una operación contra la corrupción que había anidado en Madrid y Valencia. No sabía entonces Garzón que este caso le costaría su carrera. Fue inhabilitado en 2012 por autorizar escuchas en prisión entre detenidos y abogados.
Como en muchos casos de corrupción, hubo un denunciante. Un concejal del PP en Majadahonda (Madrid) destapó el caso con grabaciones de conversaciones con la trama entre 2005 y 2007. Era José Luis Peñas, indultado en 2024.







