Distintos estudios han encontrado microfilamentos en el agua, la comida y el aire. También en el cerebro, la placenta o la leche materna. La inhalación es la principal forma de acceso al organismo
Es rojo, largo, fino, retorcido como un gusano inmóvil y mide 250 micras. Es decir, tiene el tamaño de un grano de arena, apenas perceptible a los ojos humanos aunque ahora aparece grande en una pantalla, aumentado por las lentes de un microscopio. Pero ese filamento nació en otra parte, con otra forma. Quizás era una camiseta o un forro polar, ropa sintética hecha con millones de microfilamentos iguales que provienen del plástico y que han acabado desintegrándose en miles de millones de microplásticos que flotaban en el aire en bucles inf...
initos, zarandeados por el viento de un lado a otro, hasta que fueron inspirados por alguien. Y la microfibra yació en sus pulmones humanos meses, quizás años, hasta ser extraído para acabar en una placa de Petri, bajo la lupa, observado por Marina Núñez Rubio, investigadora predoctoral de Biología, de la Universidad Autónoma de Madrid.
Para que quede claro, un microplástico es una partícula de plástico de un tamaño inferior a los 5 milímetros y un nanoplástico es aún más pequeño, entre 1 y 1.000 nanómetros. Y nosotros estamos rodeados de plástico. El primer estudio que detectó microplásticos en el cuerpo humano fue presentado en 2018 por la Agencia Federal de Medio Ambiente de Austria y la Universidad de Medicina de Viena. La investigación analizó las muestras de ocho personas de países diferentes que tenían hábitos y dietas muy distintos. Todas dieron positivo en microplásticos como polipropileno o polietileno tereftalato, ambos usados en la fabricación de envases de alimentos. “Tenemos la primera evidencia de microplásticos dentro de los humanos y necesitamos más investigación para comprender qué significa esto para la salud humana”, alertó Philipp Schwabl, autor principal del estudio.






