Diego Ocampo, técnico del Baxi Manresa, explica a EL PAÍS la insólita burbuja en la que su equipo afrontó la visita del Hapoel Jerusalén. Los Mossos redujeron a cerca de un millar de protestantes
Aún faltaban horas para que el Baxi Manresa disputara como local su segundo partido de la temporada en la Eurocup, la segunda competición del baloncesto continental, y Diego Ocampo, técnico del cuadro catalán, ingeniaba soluciones en las tripas del Nou Congost para mantener activa la mente de sus jugadores, presentes ya en los vestuarios a más de tres horas del pitido inicial. No es normal, apunta el entrenador orensano, llegar con semejante antelación a ningún pabellón en el baloncesto de élite. La excepcionalidad se entiende al tomar perspectiva más allá del plano deportivo y comprobar el nombre del rival, el Hapoel Jerusalén israelí, controlado por la familia Adelson, muy cercana al gobierno de Benjamin Netanyahu y contraria al reconocimiento del Estado palestino.
Así, desde primera hora de la mañana del miércoles, día del encuentro, cerca de un millar de protestantes trataron de bloquear los accesos al Nou Congost al grito de “Europa patrocina, Israel asesina”. El dispositivo de seguridad desplegado para la ocasión era bestial: cientos de Mossos d’Esquadra acordonaban el recinto y, en colaboración con la policía local de Manresa, controlaban cada rincón de la ciudad, de unos 80.000 habitantes. Mientras, los integrantes del Baxi Manresa, jugadores, técnicos y demás empleados del club, sobrellevaban la incertidumbre encerrados en un hotel sitiado por los Mossos. El Hapoel Jerusalén, por su parte, apuraba las horas previas en un hotel de Barcelona bajo fuertes medidas de seguridad.






