Las autoridades vinculan tres explosiones simultáneas en diferentes puntos del país a represalias por operaciones militares en zonas de minería ilegal
Ecuador atraviesa nuevamente una de sus jornadas más tensas, marcada por una serie de atentados con explosivos que estremecen al país en menos de 24 horas. El primero ocurrió la noche del martes, en Guayaquil, cuando un coche cargado de explosivos saltó por los aires en el estacionamiento de un edificio en una zona comercial de la ciudad. La explosión, de gran magnitud, alcanzó a un taxista que intentaba grabar el incendio del vehículo; fue sorprendido por la detonación y perdió la vida al instante. Otras 26 personas resultaron heridas, dos de ellas en estado grave, según informaron las autoridades, que siguen intentando esclarecer la magnitud de lo sucedido en una ciudad que, cada vez más, parece perder el control ante el avance de la violencia organizada.
El atentado tenía como objetivo hacer estallar dos vehículos, pero el segundo artefacto no logró explotar y fue desactivado por la unidad antiexplosivos de la policía. Cada bomba contenía cuatro cargas de alto poder, con mechas de seguridad y dispositivos electrónicos para su activación. Aunque aún no se ha confirmado el tipo exacto de explosivo utilizado, el ministro del Interior, Jhon Reimbeg, subrayó que no se trató de un artefacto artesanal, sino de una bomba de fabricación profesional. El funcionario atribuyó la autoría de estos artefactos a los grupos criminales que buscan generar “caos en el país”.






