El CILE se refresca con un taller de tres de los artistas peruanos de este género más relevantes de la escena, quienes explicaron sus trucos tomados de la literatura

—Biblioteca y “lleca” para llegar a la eureka.

Un muchacho de pantalones anchos, lentes oscuros y gorra al revés está tumbándose algunos prejuicios esta tarde. Se llama Stick, proviene de una Lima que no tiene vista al mar ni figura en los paquetes turísticos. Es de Mangomarca, una zona árida del distrito de San Juan de Lurigancho, donde los traficantes de terrenos tienen más poder que las autoridades. Lo acompañan Almendrades, un joven, vestido de negro, con gorra de lana, y Andrómeda, una chiquilla delgada, botines altos y una colección de tatuajes que adornan sus brazos descubiertos.

Stick, Almendrades y Andrómeda son los profesores de la jornada. Un taller de rap improvisado que ha formado parte del Congreso Internacional de la Lengua Española, en Arequipa. Un evento que rompe saludablemente con el programa. El lugar: ni más ni menos que la Biblioteca Mario Vargas Llosa. No es una herejía, sino un acto reivindicatorio hacia quienes se lucen en la batalla oral de las palabras.

El Nobel de Literatura dijo alguna vez que la trascendencia de un artista dependía de tres aspectos: oficio, ideas y cultura. El trío de raperos demuestra que están subidos en ese vagón. Poseen las credenciales suficientes: Stick ha ganado la Batalla de Gallos de Red Bull en tres ocasiones, Almendrades es el campeón vigente y Andrómeda encarna el talento arequipeño para rimar con sentido y soltar verdades en clave de doble tempo.