El presidente argentino ofrece un concierto ‘amateur’ y manipula el mensaje de ‘Libre’
La comparación es demasiado brillante para que sea imaginación mía. El Javier Milei que el pasado lunes ofreció un concierto de rock amateur se comportó sobre el escenario como un Calígula mesiánico. Lo leo en el portal Mariano Moreno Noticias. En un momento de crisis política y económica, el presidente argentino, con el pretexto de la presentación de un libro suyo, apostó por organizar un acto de reafirmación de su personaje enloquecido: una variante neoliberal del emperador sádico cruzado en esta ocasión con la pose y la vestimenta de un viejo hevyata. Milei extremaba una estrategia de espectacularización del delirio que ha resultado ser mucho más persuasiva para su movimiento que un mitin de toda la vida. Esa noche en el Movistar Arena de Buenos Aires hubo horror, pero no banal. Al berrar Libre, que fue casi la última pieza del set, ya se ha señalado que mixtificó el sentido original de la canción.
El gran Nino Bravo no la compuso pensando en un ciudadano alemán que murió al intentar saltar el Muro de Berlín, aunque así lo introdujo Milei, sino que más bien reflejaba el estado de espíritu de la generación española que estrenó su juventud a finales de los sesenta y quería huir de la dictadura franquista. Pero, como todo himno que pasa de generación en generación, Milei tuneó su significado. Mientras él se arrastraba por el escenario como un héroe herido y desafinaba invitando al público a cantar, en la gran pantalla se proyectaban imágenes del Muro y de su panteón ideológico: de Reagan a Charlie Kirk pasando por Donald Trump y Jair Bolsonaro cuando fueron víctimas de atentados fallidos. Es un relato martirial de anticomunismo senil a través del cual se está redefiniendo la noción de libertad. Sí, el espectáculo fue grotesco, pero no solo.






