Finlandia tiene más de tres millones de saunas. Viajamos a la más antigua de todas para comprender su esencia y sus raíces
El vapor golpea al entrar como una ardiente bofetada. Es una habitación rústica, encalada en blanco. Un horno de leña cocina durante horas una mezcla imposible de agua y piedras. Solo se oye el crepitar del fuego, el respirar pesado de la sauna y el de una docena de hombres que parecen respirar con ella. Están sentados muy juntos, muslo con muslo. Hay un niño de unos siete años junto a su padre y un señor con mucha jubilación a las espaldas. El resto de hombres tienen una edad indeterminada entre los 30 y los 50 años. No están tanto desnudos como vestidos de sudor. La ausencia de intimidad y espacio pueden ser incómodos para un extranjero. Pero no tanto como los 100 grados de temperatura.
Rajaportti es la sauna pública más antigua de Finlandia, se construyó en 1906 para los numerosos obreros que poblaban la ciudad de Tampere en plena revolución industrial. Entonces las casas humildes no tenían baño, y la sauna hacía las veces de ducha, bar e improvisado sindicato. Las cosas han cambiado mucho en Tampere y hoy Rajaportti sobrevive en medio de un barrio acomodado. Pero ha conseguido mantener su esencia, ruda y espartana. Es quizá el mejor ejemplo de una tradición con siglos de historia que ha llegado hasta nuestros días sin mucho cambio, pero con un interés creciente.






