El patrimonio del presidente de EE UU se multiplica en pocos meses. Su imperio familiar abarca desde el sector inmobiliario a las criptomonedas y genera numerosos conflictos de interés
En 1996, el periodista Mark Singer recibió el encargo de la revista en la que llevaba 20 años trabajando, The New Yorker, para convertirse en la sombra de Donald Trump durante unos meses y elaborar un perfil a fondo del entonces mediático empresario estadounidense. Singer escribió la que quedaría como una de esas piezas legendarias de la cabecera, un retr...
ato anguloso en el que concluía que el magnate había logrado “el lujo máximo: una existencia libre del perturbador rumor de un alma”. En 2005 recuperó el artículo para un libro que reunía nueve de sus mejores perfiles de los últimos años y The New York Times publicó una elogiosa crítica. Trump decidió enviar una carta al periódico, llamando a Mark Singer “perdedor” y algunas lindezas más, una publicidad que animó las ventas de la obra.
Con toda la sorna del mundo, el reportero decidió escribir a Trump para darle las gracias y le envió, como señal de esa gratitud, un cheque de 37 dólares y 82 céntimos. La compañía de Trump le devolvió la carta, a los pocos días, con una nota del hoy presidente insultándole de nuevo. Eso sí, en la cuenta bancaria del periodista surgió un apunte negativo de 37 dólares y 82 céntimos. Trump había cobrado el cheque.






