Julián Fernández lanzó su primer satélite a los 16 años. A los 22 dirige una empresa con la que pretende dar conectividad segura a ejércitos y a compañías con activos en zonas remotas

“Soy un friki del espacio”. A Julián Fernández (La Línea de la Concepción, Cádiz, 22 años) no le molesta usar un término que en ocasiones se emplea de forma despectiva. Aunque sí que reconoce que le producen cierta vergüenza algunos de los vídeos que, siendo un adolescente, colgaba en internet hablando sobre el tema. Escuchándolo hablar ahora, no ha perdido ni un ápice de esa pasión que le llevó a lanzar su primer satélite a los 16 años. “Lo hice porque tenía un interés enorme por cambiar el mundo y democratizar el acceso al espacio”, cuenta en las oficinas de Fossa, la empresa que fundó para hacer realidad sus sueños de adolescencia, situadas en plena Gran Vía de Madrid.

Lejos queda ya el dormitorio de su casa familiar, que tenía decorado como un simulador de un avión, donde fabricó un picosatélite, denominado así por su pequeño tamaño y que cabe en la palma de la mano. Sin familiares que se dediquen al sector aeroespacial, asegura que su interés le viene “por la democratización del conocimiento que es internet, donde cualquiera puede encontrar trabajos de fin de máster o tesis doctorales”, dos de sus lecturas favoritas.