El escándalo de los cribados de cáncer en Andalucía exige un esclarecimiento total para no quebrar la confianza ciudadana en la sanidad pública
La dimisión de la consejera andaluza de Salud, Rocío Hernández, anunciada el miércoles por el presidente de la Junta, el popular Juan Manuel Moreno, era un paso obligado ante el escándalo de los cribados del cáncer de mama. Hernández no podía seguir en su puesto tras conocerse, por una sucesión de testimonios de afectadas,
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l" data-link-track-dtm="">que nadie comunicó a unas 2.000 mujeres que se han hecho mamografías en los tres últimos años de que serían precisas más pruebas para descartar un tumor. A la obvia responsabilidad política, se sumaba la falta de empatía con las damnificadas y con la asociación que canaliza sus denuncias, a las que acusó de alarmismo y de tener intereses partidistas.
Hay que reconocer la rápida reacción de Moreno, tanto por la autocrítica que supone la dimisión de Hernández como por haber pedido perdón. Es una respuesta inhabitual en su partido cuando su gestión se ha visto manchada por otros escándalos o tragedias. El ejemplo de Carlos Mazón es el último, pero uno de los más sangrantes de esa forma de actuar. Pero ese gesto —al que no es ajena la cercanía de las elecciones— quedará en nada si la ciudadanía no recibe pronto la más completa información sobre lo ocurrido.






