Aunque se desconozcan las razones de la abstención del PSOE, este es un triunfo solo y exclusivo de los miles de espectadores que abarrotan las plazas

Sin duda alguna, en la noche del pasado martes se produjo en el Congreso de los Diputados una noticia verdaderamente histórica para la tauromaquia del siglo XXI. Un notición importantísimo envuelto en una sorpresa mayúscula. Cuando los promotores de la Iniciativa Legislativa Popular (ILP) No es mi cultura se las prometían tan felices, y la fiesta de los toros se asomaba peligrosamente al precipicio de una lenta pero progresiva e imparable desaparición, llegó el PSOE y, contra todo aparente pronóstico, se abstuvo en la toma en consideración de la propuesta como proposición de ley y mandó la ILP a la papelera.

Se acabó la última gran ofensiva de los antitaurinos; seguirá vigente la ley 18/2013 que regula la fiesta de los toros como patrimonio cultural de este país, y continuará bajo la protección del Estado, de modo que no estará expuesta a los cambios políticos de Comunidades y Ayuntamientos; y lo más importante: pasará mucho tiempo antes de que a otro grupo se le ocurra la feliz idea de iniciar de nuevo la titánica tarea de reunir al menos 500.000 firmas para poner fin a una tradición arraigada en las entrañas de este país.