Eduardo Berti muestra las infinitas posibilidades de la literatura narrando la biografía del mejor jugador del mundo a través de monólogos de testigos de su juego: “Con un solo movimiento ocurrían mil cosas”
El artista inglés Grayson Perry realizó una cerámica que tituló El fútbol representa todo lo que más odio. A ese arduo sentimiento se opone el del cantautor Chico Buar...
que (Eduardo Berti lo pone de epígrafe), quien dice que un hombre tocando el cielo puede definirse con una sola palabra: “fútbol”. Paraíso e infierno son dos caras de la misma moneda.
Eliseo Alegre fue el mejor futbolista del mundo, más sutil que Messi, más mágico que Maradona, con mejor técnica que Ronaldo. El hecho de no haber existido no menoscaba su genio: una vida imaginaria no es por eso una vida imposible. “Cada tanto, raras veces, aparece algún pianista que reinventa el equilibrio entre la mano izquierda y la mano derecha”, cuenta alguien que lo vio jugar. Eliseo, dice, reinventó el equilibrio entre el pie izquierdo, el hábil, y el derecho, el pie de apoyo. “Esto era lo más genial: con un solo movimiento ocurrían mil cosas (…) Parecía reinventar la ley de gravedad”. De niño, Eliseo no quería jugar, alegando una enfermedad que le prohibía hacer esfuerzos físicos. Por eso, cuando al fin comenzó, la gente creyó que algo imposible estaba ocurriendo. “Era como si el elefante hubiera descubierto un día, directamente, que había nacido para ser costurero”.






