Es uno de los pocos tumores que ofrece una oportunidad real de prevención y diagnóstico precoz. Pero la falta de visibilidad, el estigma y el retraso en consultar convierten esa ventaja médica en una oportunidad perdida
Aunque se diagnostica en más de 20.000 personas cada año en España, el cáncer de vejiga es un tumor del que apenas se habla. No suele ocupar campañas de concienciación, y su síntoma principal, la presencia de sangre en la orina, es una señal que muchos pacientes pasan por alto o atribuyen a causas menores. Esta falta de visibilidad tiene consecuencias: en muchos casos, el diagnóstico llega tarde. Y, con ello, el pronóstico empeora.
“El cáncer de vejiga es una de las enfermedades oncológicas más frecuentes, especialmente en varones mayores de 50 años. Está entre los cinco tumores más diagnosticados en hombres en Europa”, señala el doctor Daniel Pérez Fentes, coordinador nacional del Grupo UroOncología de la Asociación Española de Urología (AEU) y urólogo del Complexo Hospitalario Universitario de Santiago de Compostela. Sin embargo, su presencia en la conversación pública es mínima. “A pesar de que tiene un muy buen pronóstico cuando se diagnostica a tiempo, muchas personas no saben identificar las señales de alerta”.






