La actriz, a los barceloneses: “Disfrutad de las fiestas y no permitáis que los turistas os amarguen u os desplacen, ocupad la ciudad”
Teatro, teatro, teatro, nombres propios de personalidades del teatro, de teatros, obras de teatro, recuerdos de los “regalos” que le ha hecho Barcelona y alusiones a la crisis de vivienda, al turismo masivo y un llamamiento final a manifestarse contra “el Estado genocida” de Israel. El pregón de La Mercè de la actriz Emma Vilarasau ha sido una celebración de las artes escénicas como reflejo de la sociedad, allí donde “en la oscuridad de la sala se hacen posibles los sueños y las pesadillas”. O “se hace visible lo invisible”, citando a Samuel Beckett. Vilarasau, que ha avisado de que es de Sant Cugat del Vallès y solo vivió diez años en Barcelona, ha repasado cronológicamente su relación con la ciudad y sus teatros. Desde cuando venía con sus padres de pequeña, “al zoo o al pediatra”.
Pero más que una glosa de la ciudad o los barceloneses lo ha sido de su vida vinculada al teatro, --“la materia de mi vida”, ha dicho-- un recorrido por las etapas y escenarios donde ha trabajado o disfrutado como espectadora. Llena de nombres, ha avisado al comienzo. Y ha cumplido. De Maria Aurèlia Capmany a Anna Lizaran, pasando por Carme Portacelli, Fabià Puigserver, Josep Maria Flotats, Mario Gas, Albert Boadella, Sisa o su “compañero de vida”, el también actor Jordi Bosch. Por citar algunos de muchísimos. Del Instituto del Teatro al Lliure (donde el día de la primera función, en 1976 el público “aplaudió el proyecto, su valentía”, ha evocado), el Mercat de les Flors, el TNC, el Grec, el Romea, la Villarroel, los teatros de titularidad privada y los más pequeños.






