Un estudio con datos de más de mil cursos fluviales muestra que estos eventos extremos duran ahora casi el doble de días en el agua que en el aire
Como bien saben los zaragozanos, orensanos, en menor medida los sevillanos y todo el que tenga uno cerca, cuando el calor aprieta, queda el río como refugio climático. Sin embargo, esto empieza a cambiar. Al estudiar el impacto de las olas de calor desde 1980 en más de 1.400 cursos fluviales, investigadores estadounidenses han descubierto que estos eventos extremos están aumentando a un ritmo que cuadruplica al de las atmosféricas. El trabajo, publicado en la revista PNAS, se apoya en datos de Estados Unidos, pero expertos europeos creen que el fenómeno es global. El impacto de estas olas no se queda en el río.
Las olas de calor son cada vez más frecuentes, intensas y largas. En paralelo, los científicos están confirmando que el cambio climático está calentando las grandes masas de agua, como los océanos. Pero, ¿qué sucede con los ríos cuando hay una ola de calor? En principio, estos cursos de agua, alimentados por el deshielo o afluencias subterráneas, amortiguan la temperatura de su entorno cercano. Incluso en el actual contexto de calentamiento global, se los dibuja como islas o refugios climáticos. Pero los datos están contradiciendo estas suposiciones.






