La Escuela Superior de Música Reina Sofía compone y graba una sinfonía inspirada en los resultados financieros de una de sus corporaciones mecenas

Uno de los principales objetivos de marcas y empresas desde finales del siglo XX ha sido rebatir a Pier Paolo Pasolini, quien afirmó que la verdadera cultura jamás podría convertirse en un consumible. Para él, la forma definitiva de detectar una sociedad en declive era el momento en que comprar algo se asociaba con algún valor cultural. Cincuenta años después de su muerte no solo es prácticamente imposible distinguir arte de negocio, sino que el negocio se ha elevado a la categoría de arte. Las marcas ya no tienen consumidores, tienen fans; los empresarios se comportan como estrellas del pop y, ahora también, los resultados empresariales son fuente de inspiración creativa. Este último clavo en el ataúd lo han clavado al unísono la Escuela Superior de Música Reina Sofía y el ecosistema creativo que integra la corporación Jungle (publicidad, tecnología, comunicación, diseño…), quienes han colaborado para desarrollar una pieza musical inspirada en los resultados económicos de la empresa en 2024. Negocio para tus oídos. ¿Estamos ante la sublimación definitiva de la relación entre arte y comercio? “No sabemos si es la definitiva, pero sí creemos que es una de las más auténticas que hemos vivido y el proyecto demuestra el gran potencial que existe cuando dos mundos tradicionalmente separados, como la creación artística y la gestión corporativa, se encuentran en un terreno común. Muestra cómo el arte puede enriquecer el lenguaje empresarial, dándole una dimensión más humana y emocional”, responde Jorge Féliz, responsable de mecenazgo y desarrollo de la Escuela Superior de Música Reina Sofía de Madrid.