La presión de su Gobierno para suspender a Kimmel por un comentario sobre el activista se suma a las demandas para silenciar a la prensa crítica, el señalamiento de reporteros y el plan de perseguir a organizaciones de izquierda

Entre los principales orgullos del movimiento conservador estadounidense siempre estuvo la imagen de sí mismo como adalid de la sacrosanta libertad de expresión frente al espíritu “censor” de la izquierda. Las cosas parecen haber cambiado con Donald Trump en el poder por segunda vez, un tiempo en el que han arreciado sus ataques a la prensa y la persecución ideológica y el silenciamiento de sus adversarios.

Se trata de una campaña que se ha intensificado tras el asesinato hace nueve días del líder juvenil MAGA (Make America Great Again) Charlie Kirk, que están aprovechando Trump, su vicepresidente, J. D. Vance, y otros miembros del Gobierno lanzar una campaña contra la libertad de expresión a lomos de un terrible crimen del que el presidente culpa a la “izquierda radical”, mientras promete que esta, por muy difuso que sea el concepto, pagará por ello.

Kirk murió de un balazo en el cuello mientras ejercía en una universidad un derecho garantizado por la Primera Enmienda, de la que él mismo era un absolutista. Su asesinato fue celebrado o disculpado en ciertos sectores de la izquierda y la extrema izquierda estadounidenses y eso empujó a los líderes del mundo MAGA, un movimiento aglutinado en buena media en torno a las críticas a la cultura de la cancelación, a adoptar una versión de esa pasión censora y a señalar públicamente a quienes festejaron la muerte de Kirk para animar a sus empleadores a que los despidieran.