El genoma de miles de zancudos muestra como el tráfico de esclavos facilitó la expansión de la especie que más propaga el dengue o la fiebre amarilla, mientras que los insecticidas han hecho más resistente a otra que transmite la malaria
El tráfico de esclavos muestra cómo, a veces, la historia vuelve para abofetear al presente. Entre los siglos XVI y XIX unos quince millones de africanos fueron arrancados de sus hogares en un triángulo que conectaba África, los traficantes europeos y las colonias americanas. En aquellos barcos negreros también viajaron mosquitos de la especie Aedes aegypti. Un imponente trabajo con datos genéticos de estos zancudos publicado en Science ilustra ahora cómo esta especie, principal vector del dengue, virus del Zika, fiebre amarilla y el chikungunya, evolucionó a una versión más invasiva y dañina que, siglos después, ha salido de América hacia otras zonas tropicales y subtropicales del mundo. En paralelo, otro trabajo —también publicado en la misma revista científica— muestra como el Anopheles funestus, uno de los vectores menos conocidos, pero más peligrosos de la malaria, desarrolló resistencia a los insecticidas ya en los años 60 del siglo XX.
Una treintena de científicos, apoyados en las modernas técnicas de secuenciación, han logrado el genoma completo de 1.206 mosquitos de la especie A. aegypti de 73 poblaciones de todo el planeta. Con toda esa información han podido dibujar el árbol genealógico y la evolución histórica de esta especie que ahora vive en las cercanías de 4.000 millones de personas y que, solo de dengue, infecta a 390 millones al año, según datos de la Organización Mundial de la Salud. Sin embargo, no hace mucho tiempo en términos evolutivos, este mosquito, de color oscuro y pintas blancas, no salía de las selvas ni había desarrollado querencia por la sangre humana.








