Desde sus comienzos, la firma italiana ha sabido cuestionar su alrededor para explorar diversos caminos creativos a su paso. Fundada en 1913 por Mario Prada junto a su hermano Martino, en su primigenia tienda de la galería Vittorio Emanuel de Milán ya dieron a conocer un universo singular basado en la calidad y los detalles artesanales de la marroquinería, faceta que les otorgó el papel de proveedor oficial de la familia Real Italiana.
Ese tesón de su fundador por romper las normas establecidas y dar espacio a la experimentación con un diseño propio caló hondo en su hija Miuccia Prada, directora artística de la firma desde hace décadas y una de las mentes creativas que definen el rumbo de la moda cada temporada. Esa pregunta didáctica de “¿y si hubiera otra manera?” que poco cuesta imaginar en las tormentas de ideas que se suceden en sus oficinas, ha sido también el motor de inspiración en su último capítulo olfativo: Prada Paradigme. La nueva fragancia masculina recargable de Prada crea un punto de tensión entre aparentes antagonismos como el yo interior y el mundo exterior, la simplicidad y un envoltorio complejo, o la moderación frente a ese escudo vanguardista que caracteriza a la marca italiana.






