Los fabricantes de automóviles chinos compiten por desarrollar de forma interna semiconductores para la conducción inteligente. Es un camino arriesgado, pero incluso la remota posibilidad de obtener enormes beneficios puede resultar demasiado tentadora como para ignorarla.
Solo unas pocas empresas en todo el mundo han logrado diseñar con éxito sus propios chips. Las complejidades tecnológicas (los procesadores actuales tienen miles de millones de transistores) y los astronómicos costes hacen que la mayoría de las empresas simplemente compren a especialistas como Nvidia o Qualcomm, que ofrecen componentes listos para usar, o licencias de diseños existentes de Arm.
Entre los fabricantes de teléfonos inteligentes, solo unos pocos, liderados por los gigantes Apple, Huawei y Samsung, han tenido éxito tras años de fuertes inversiones. En parte gracias a su integración vertical, la empresa dirigida por Tim Cook presume de un margen bruto del 40% para su iPhone, según Visible Alpha.
Es una hazaña formidable que Nio, con un valor de 16.000 millones de dólares (14.000 millones de euros), haya presentado este año modelos con chips de IA para conducción inteligente desarrollados por la propia empresa. Su rival Xpeng también presentó el año pasado su propio procesador avanzado de sistema de asistencia al conductor para sus coches, mientras Li Auto y BYD tienen ambiciones similares.







