Desde la detención del presunto asesino de Charlie Kirk y las noticias sobre las alcantarillas digitales en las que se expresaba políticamente, me estoy volviendo tarumba con ensayos y artículos que explican las culturas juveniles de extrema derecha en Estados Unidos (alt right). He aprendido a distinguir a un
>groyper de uno de Turning Point, y qué es la manosfera; he entendido que el dibujito de Pepe the Frog es, en algunos foros, como 4chan o Reddit, un símbolo de odio equivalente a una esvástica, y cómo el Ku Klux Klan recluta a miembros entre los incels. Los sociólogos, politólogos y reporteros que hacen espeleología por esos desagües dicen que los activistas recurren a la ironía para eludir las acusaciones de racismo y violencia, pero también para volverse incomprensibles entre los adultos. Usan jerga de la cultura gamer y se comunican mediante alusiones a videojuegos y dibujos animados.
Parece complejo, aunque es simplicísimo. Lo difícil de comprender y explicar era la política de extrema izquierda de la década de 1960. Cada nueva escisión marxista-leninista-maoísta era doctrinalmente más espesa que la anterior. Ni el propio Marx habría entendido un número de Bandera Roja o media página de Louis Althusser. Pero estas modulaciones juveniles de la alt right se pillan al primer golpe, pues son más biológicas que ideológicas. Basta comprender cómo funcionan el acné y la testosterona.









