Gaza hasta en la sopa. Esa es la estrategia a seguir y no se oculta, también en todos los debates en el Congreso. El Gobierno se ha encontrado con un regalo político que le permite reconectar con la mayoría abrumadora de la sociedad española, ubicarse en una posición privilegiada de liderazgo europeo y hasta m...

undial, remarcar su en tantas ocasiones desdibujado perfil progresista y encerrar al PP en sus particulares demonios. El PP de Feijóo no es que no quiera asumir ya la evidencia de retratar como genocidio lo que es un genocidio palmario. Su problemón es que nadie, ni sus seguidores más acérrimos, entiende qué es lo que creen perder con esa inexplicable indefinición. Otra.

El PP que asume a diario cualquier pseudobulo publicado en cualquier pseudomedio por cualquier pseudoperiodista para ventilarlo e institucionalizarlo en preguntas y comparecencias en las Cortes sin temor a su devaluación ahora requiere una sentencia en firme y sin recurso de la Corte Penal Internacional para calificar lo que la Real Academia Española de la Lengua define así de claro: “Exterminio o eliminación sistemática de un grupo humano por motivo de raza, etnia, religión, política o nacionalidad”. La comisión independiente sobre Gaza de la ONU tampoco vale. “Son tres”, los descalifican.