La “desconexión tecnológica” de la industria militar de
rack-dtm="">Israel, decidida por el Gobierno en respuesta al exterminio de la población palestina de Gaza, ha supuesto un quebradero de cabeza para el Ministerio de Defensa. La simbiosis entre la tecnología militar occidental y la israelí es tan profunda que sus componentes se encuentran en productos que no son originalmente israelíes y su sustitución puede demorar años algunos importantes programas.
El problema más acuciante, según distintas fuentes militares consultadas por EL PAÍS, es el que afecta a los cazas F-5 del Ejército del Aire y del Espacio por sus consecuencias a corto plazo: puede poner en riesgo la formación de los pilotos de combate, sin cuya destreza la Fuerza Aérea es poco más que un armazón inservible.
Los F-5 son los aviones empleados para formar a los pilotos de caza y ataque en la base aérea de Talavera la Real (Badajoz), una vez que se licencian en la Academia del Aire de San Javier (Murcia), donde acaba de ingresar la princesa de Asturias, Leonor de Borbón. Se trata de aeronaves biplaza con casi medio siglo de antigüedad, fabricadas en España bajo licencia de la compañía estadounidense Northrop. El problema radica en que los 19 aparatos que todavía están en servicio han sido modernizados en dos ocasiones por la firma IAI (Israel Aerospace Industries), que ha actualizado profundamente su aviónica —el conjunto de componentes electrónicos que permite controlar la aeronave— y se encarga de mantener sus sistemas. Sin los repuestos y el apoyo técnico que proporciona, los aviones no podrían seguir mucho tiempo en vuelo, coinciden los expertos.






