Su luz se apagó de forma prematura en 1984 cuando, tras recoger el premio de Unipublic al mejor ciclista del año, un Citroën CX invadió el carril contrario. Era la vida de Alberto Fernández, ciclista que apenas un par de meses antes había perdido la Vuelta por seis segundos ante el francés Eric Carotiux, la diferencia más exigua hasta el momento en la competición, por más que hasta en 19 ocasiones se ha dado menos de minuto de diferencia entre el primer y segundo clasificado. Como los 11 segundos que distanciaron a José Manuel Fue...

O suscríbete para leer sin límites

nte de Joaquim Agostinho en 1974; o los 13 que se dieron en 1956 (Angelo Conterno sobre Jesús Loroño). Y en esas andan Jonas Vingegaard y João Almeida, separados por 44 segundos y ya solo con la ascensión a la Bola del Mundo por delante, montaña, juez y sentencia.

Aunque favorito por su currículo y caché, a Vingegaard apenas se le ha visto en esta Vuelta, hábil para ganar un sprint en Lemone Piamonte, todavía en tierras italianas, y después en la ascensión a Valdezcaray, cuando atacó a 11 kilómetros de meta. “No lo teníamos planeado. Sólo habíamos acordado que, si estaba bien, diera la señal a los chicos”, conviene Jesper Morkov, director deportivo del Visma. Y eso sucedió, catapultado Vingegaard por Kuss y Jorgenson, gregarios de oro. “Jonas no es de discursos grandilocuentes, pero habla con todos y escucha. Es un tipo por el que todos quieren luchar”, apunta Morkov. Y brindar, porque tras cada triunfo de etapa, todos se encuentran una copa de champán en la mesa. “Algo hacemos mal porque ahora los chicos ni siquiera se beben entera esa pequeña copa”, bromea Morkov. Aunque si Vingegaard aguanta la diferencia con Almeida tras la Bola del Mundo, dicen, será obligatorio.