Cuatro jóvenes que nadan en aguas próximas a Ceuta reciben una patrullera del Servicio Marítimo de la Guardia Civil de Ceuta con llantos y gritos de nerviosismo. Una voz les pide que estén tranquilos. Mientras el primero sube por la escalerilla, con rostro exhausto, se lleva la mano a la boca y lanza un beso de agradecimiento al agente que le tiende la mano para ayudarle a subir a la embarcación. Ninguno de los jóvenes lleva traje de neopreno que le proteja del frío o ayude a flotar. Van subiendo con la ropa mojada, camiseta y pantalones cortos, como recién salidos de la playa. Uno lleva unas aletas; otro, todavía en el agua, se agarra a un flotador medio desinflado. Un tercero se ha metido ...

unas chanclas por los brazos y las lleva encajadas en los sobacos. Se sigue escuchando el llanto entrecortado del cuarto, el más pequeño, con aspecto de tener 12 o 13 años. La escena, ocurrida una noche de este verano en la ciudad autónoma, muestra la fina línea entre la vida y la muerte de los numerosos migrantes que intentan cruzar a Ceuta a nado desde Marruecos. En lo que va de año, el grupo Especial de Actividades Subacuáticas de la Guardia Civil (GEAS) ha recuperado los cuerpos de 30 personas de las playas de la ciudad o de sus aguas que han muerto intentando llegar a territorio español. La cifra, que se ha incrementado en las últimas semanas, supera con creces a las 21 personas muertas en el mar en todo 2024.