En las próximas tres décadas el ritmo de crecimiento de la población de Estados Unidos será el menor en la historia reciente para quedarse muy próximo a cero si se mantienen las actuales políticas antinimigratorias de la Administración de Donald Trump. Para crear este escenario, se juntan una tasa de fertilidad que lleva años por debajo de la necesaria para el reemplazo generacional y, ahora, la estrepitosa caída en la inmigración
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>, que era el gran motor del crecimiento demográfico. Según las cifras de la Oficina de Presupuestos del Congreso (CBO) —un órgano técnico y no político que hace parte del Legislativo—, que acaba de revisar las proyecciones que hizo en enero, el futuro en el que el tercer país más poblado del mundo deje de crecer se ha acercado gracias a las políticas del presidente, lo cual impactará al mercado laboral, la perspectiva fiscal y el crecimiento del país.
Las últimas estimaciones de fertilidad con las que trabajan los economistas de la CBO apuntan a que entre 2025 y 2030 los nacimientos netos serán responsables de solo el 25% del crecimiento de la población, el resto llegará de la inmigración neta. Pero a partir de 2031, y no 2033 como se calculó en enero, ya habrá más fallecimientos que nacimientos y solo los nacidos fuera harán crecer la población del país. La anticipación de esta fecha, según la CBO, es consecuencia de la reducción de una población migrante que suele tener una tasa de fertilidad más elevada que la de las mujeres nacidas en el país. “La tasa de fertilidad responde a los cambios en la composición de la población que puede ocurrir por alteraciones en la inmigración neta”, explica el informe de los economistas.






