La primera Cumbre Africana sobre el Clima, celebrada en Nairobi en 2023, representó un punto de inflexión. Encendió la mecha para poner en marcha una África colaborativa, resiliente frente al clima y próspera. Esta semana, los líderes africanos se han reunido en Adís Abeba para mantener la segunda cumbre y transmitir un mensaje inequívoco: ya está bien de promesas. Se necesita dinero, inversiones y medidas concretas que permitan desarrollar el potencial ecológico de África.

La histórica reunión celebrada en Kenia dejó muy claro lo que está en juego: el cambio climático es una amenaza para las comunidades, las economías y las inversiones de todos los sectores y continentes. Pero también cambió el relato global y consiguió que África dejara de aparecer como víctima del clima para situarla como motor de las soluciones. De la cumbre salieron promesas y compromisos macroeconómicos con el fin de facilitar un crecimiento positivo para el clima, además de poner de relieve las ventajas del continente desde el punto de vista ecológico y su innegable importancia para alcanzar los objetivos mundiales de cero emisiones netas.

La cumbre de este año, que se ha celebrado en un momento crítico en el camino hacia la 30ª Conferencia de la ONU sobre el Cambio Climático (COP30), ha establecido las directrices para alinear las prioridades africanas en clima e inversión sostenible. Los líderes africanos han acordado avanzar con criterios comunes para la cooperación internacional, en un contexto marcado por la próxima Cumbre Unión Africana–Unión Europea en Luanda, que se celebrará en noviembre.