La idea surgió hace 16 años y fue tomando fuerza. En el salón de su casa de Vicente López, en Buenos Aires, Soledad Rodríguez Zubieta (SRZ) dice que en ese momento no había nada así. Le pasaba de entrar a un hotel y percibir que, luego de dar dos o tres pasos, dependiendo del tema que sonara en el lobby, la sensación que tenía del espacio cambiara. El edificio era el mismo, el color de las alfombras seguía igual, el olor del ambiente no variaba, dependiendo de la hora el ru...
ido era más o menos similar y, sin embargo, aunque mantenía su clase, a veces el sitio parecía más moderno. Otras, un poco vintage.
La idea se fue haciendo fuerte porque se repetía cuando ella visitaba un local de ropa donde el ambiente chocaba con la música o cuando iba a un restaurante en el que el volumen de las canciones estaba mucho más fuerte de lo que debería: le generaba ganas de irse, se sentía expulsada. En un momento, se le ocurrió. Allí faltaba algo que llamó “decoración sonora”. “Detenerse y entender cómo la música influye en lo emocional. Porque la música transmite cosas e interactúa con el espacio”, explica.
Entonces, esta psicóloga con posgrados en gestión cultural, que había trabajado durante años en la radio y como DJ, pensó en la posibilidad de vender esa idea a alguna marca. Se dijo: debería explicarla mucho. Sería complicado. Y, sin embargo, de a poco, yendo de boca en boca, empezó a tener clientes. Hoy, SRZ selecciona la música que ambienta hoteles, cafés y locales en distintas partes del mundo.






