Con menos de la milésima parte de un milímetro, las Prochlorococcus son gigantes. Descubiertas a finales del siglo pasado, son responsables de buena parte del color turquesa que tienen los mares tropicales. Por delante de las plantas terrestres, son también los principales seres vivos fotosintéticos, metabolizando la luz para generar carbono orgánico, la base de los ecosistemas marinos. Como subproducto, liberan el 5% del oxígeno disponible para respirar (sus antecesoras fueron las protagonistas de la Gran Oxidación que llenó el planeta de este elemento hace millones de años). Sin embargo, no llevan bien el calor y de eso, los mares cada vez tiene más. Un estudio publicado en Nature Microbiology estima que, para finales de siglo, la abundancia de estas cianobacterias se reducirá a la mitad. Tal descenso provocará efectos en cascadas que aún se desconocen.
Desde hace más de 10 años, un grupo de oceanógrafos y biólogos marinos ha recorrido unas 150.000 millas náuticas (en torno a 277.000 km) en un centenar de travesías estudiando el fitoplancton (seres microscópicos que flotan en la superficie del mar). Buscaban estimar la abundancia de las principales cianobacterias según la latitud y, en particular, medir el impacto de la temperatura en el proceso de división y multiplicación celular de las Prochlorococcus. Se pueden encontrar hasta 100.000 células (son organismos unicelulares) por milímetro cúbico de agua. Para contarlas, usaron una versión más grande de un aparato que hay en cualquier laboratorio de análisis clínicos u hospital, una citometría de flujo.







