El ministro de Exteriores de Serbia, Marko Duric, de 42 años, mantuvo el miércoles pasado un encuentro bilateral en Madrid con su homólogo español, José Manuel Albares. La visita se produjo en el contexto de la mayor crisis que atraviesa el Gobierno de Aleksandar Vucic, en sus 13 años al frente de este país de 6,5 millones de habitantes.
El ministro se esmera en presentar a Serbia como un excelente candidato a entrar en la Unión Europea. Hace énfasis en el aspecto económico: “La UE tiene mucho que ganar con nuestra inclusión, ya que nuestra deuda pública representa actualmente, aunque parezca increíble, alrededor del 45% del PIB, en comparación con el 79% de hace tan solo una década”, indica durante una entrevista celebrada en la embajada serbia de Madrid. Sin embargo, la gran losa que sigue pesando sobre el Gobierno del país balcánico tiene mucho que ver con la techumbre de la estación de ferrocarril de Novi Sad —la segunda mayor ciudad serbia—, que se cayó el pasado 1 de noviembre y mató a 16 personas.
Cientos de miles de ciudadanos no vieron en aquella tragedia un mero accidente, sino el fruto de muchos años de corrupción. Decenas de miles de estudiantes tomaron la bandera de las protestas y se echaron a las calles de forma pacífica, evitando elegir a un líder para que los ataques del Gobierno no puedan centrarse en una sola figura. Las protestas no han cesado en diez meses.








