Rusia ha vuelto a elegir la barbarie contra la población civil de Ucrania. En la madrugada de este domingo, Moscú ha dado luz verde a una nueva gran ofensiva con drones y misiles balísticos que ha atravesado el país de oeste a este y de norte a sur. Uno de los grandes objetivos de la operación, ejecutada durante alrededor de siete horas, ha sido Kiev, la capital, donde han muerto al menos dos personas, entre ellas, un niño de tan solo un año. Un nuevo varapalo a cualquier avance en unas posibles negociaciones de paz, tres semanas después de la reunión mantenida en Alaska entre el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y su homólogo ruso, Vladímir Putin.

Unos minutos antes de las diez de la noche del sábado, los sistemas de alerta comenzaron a sonar en las calles del centro y este del país. El aviso ante la llegada de un posible bombardeo se mantuvo casi toda la madrugada. Unas horas después de las primeras alarmas y durante un tiempo, las sirenas también se pudieron escuchar en la franja occidental de Ucrania.

Kiev ha concentrado la embestida de gran parte de los drones —en su mayoría del modelo Geran-2, versión rusa de los iraníes Shahed— lanzados desde la frontera oeste rusa a territorio ucranio. Según ha informado el alcalde de la ciudad, Vitalii Klitschko, el impacto directo de estos aparatos o de fragmentos lanzados tras su interceptación, ha causado la muerte de al menos dos personas, una mujer joven y un menor de un año encontrado entre los escombros, en el distrito de Sviatoshin.