Toda lectura es un viaje, y siempre estaremos encantados de escuchar lo que le ocurre a alguien que emprende el camino y empieza a encontrarse con obstáculos y aventuras imprevistas que rompen con la normalidad, o la monotonía, de ese viaje.

Después de los 10 años que dura la guerra de Troya, Ulises se embarca de regreso a su patria. Quiere llegar lo más pronto posible a Ítaca, sin interrupciones, pero son las interrupciones las que hacen que aquel viaje lleno de aventuras dure otros 10 años. Sin esos obstáculos siempre inesperados, que se presentan a cada paso, no habría historia que contar, y no existiría la Odisea, cantada por Homero, un ciego andariego, y viajero también, que va por las islas de la Hélade contando las aventuras del viaje de Ulises. Fue él quien puso las reglas de la narración, útiles hasta para los folletines y los guiones de telenovela que viven de los obstáculos y las interrupciones de la felicidad.

En todo caso, para que haya historia, y para que comiencen a presentarse los obstáculos, el viaje tiene que empezar. Cuenta Plutarco que Pompeyo Magno enfrentaba la situación de que los marineros de su armada no querían hacerse a la mar por la manera tempestuosa en que aquella se encrespaba, y entonces los arengó para animarlos, y una de las frases de esa arenga ha quedado para siempre: “Navegar es necesario, vivir no es necesario”.