El aeropuerto chipriota de Larnaca despedía ayer a los jugadores de la selección española de baloncesto rumbo a diferentes destinos. Durante la madrugada había volado Sergio Scariolo después de un adiós algo frío, apenas una aparición durante la cena de la plantilla con una mochila en la espalda, un aplauso y las últimas y breves palabras de agradecimiento antes de enfilar sin compañía la puerta de salida. La derrota ante Grecia acababa...

de eliminar en la primera fase a la campeona del Eurobasket, la peor clasificación en una gran cita, y cerraba una era, los 15 años y ocho títulos del italiano en el banquillo.

En verdad, el hombre que salía del hotel Parklane de Limasol no era solo el seleccionador más laureado en la historia del baloncesto español. Quien desde hoy ya ejerce plenamente como entrenador del Real Madrid fue el forjador de un modelo, un organigrama y una filosofía que dotaron al grupo de una identidad propia: la competitividad, el juego colectivo y un sentimiento de pertenencia a eso llamado La Familia, sustentado en el compromiso de la mejor generación nunca vista. Como decía Álex Mumbrú, exinternacional y hoy seleccionador de Alemania, “la marca España”.

El técnico nacido en Brescia hace 64 años lo recordaba así en EL PAÍS antes del Eurobasket: “En 15 años he estado muy involucrado en la cantera y la formación. He tenido la suerte de tener una federación muy receptiva. Podían haberme dicho que me dedicara a los bloqueos y al pick and roll. Pero me he empeñado, he tenido esa influencia y me lo han permitido. Hemos creado unos valores duraderos que puedan sobrevivirme y un sistema de juego que tiene su riqueza táctica y es realmente competitivo. Y esa visión de conjunto que une la academia con el primer equipo. Es un legado que hará más fácil la tarea para quien venga detrás. Dejo la línea marcada”.