Cómo es posible que alguien se informe de algo por X, si ni siquiera da para enterarse de cuánto vale el anillo de compromiso de Georgina. Lo único cierto del pedrusco que cristaliza el amor de Cristiano Ronaldo es que es grande, enorme, colosal, casi que más que ponérselo hay que instalárselo. Pero su valor, en euros y en quilates, es puro bulo y especulación, como casi todo en las redes, el lugar donde la mitad de los jóvenes dice informarse. Unos aseguran que ha costado seis millones, otros que siete, otros que entre 10 y 12… Hay un cutre que dice que 700.000 euros, menos que un pisito en un barrio de Madrid. Ante esa sopa de datos necesariamente falsos, hay que acudir al periodismo serio: el Hola titula con seis millones, pero un experto consultado en el reportaje lo eleva hasta 20 millones.
Y poco me parece, a la vista de las imágenes que la famosa publica en sus redes sociales: lo mismo le sirve de lastre en sus paseos en bici que para echar la tarde jugueteando con el reflejo de sus destellos sobre el techo de su jet privado —y grabarlo en un vídeo, y publicarlo en su cuenta de Instagram—. El artefacto también tiene usos menos prácticos, como verdear de envidia la alfombra roja del Festival de Cine de Venecia, donde la prometida de Cristiano acudió este domingo como invitada, igual que algún día sentarán a la influencer María Pombo en todos los premios literarios.






