Robert Kennedy, el secretario de Salud de la Administración de Donald Trump, ha logrado una proeza al alcance de muy pocos: unir a políticos demócratas y republicanos. Los senadores de las dos bancadas se han lanzado este jueves a arremeter contra él, su política de vacunas, su desprecio por los datos médicos y sus contrataciones de personas con posiciones científicas alejadas de lo habitual, en una muy contenciosa sesión de control en el Comité de Finanzas de la cámara alta estadounidense.

La sesión estaba ya fijada en el calendario desde hace meses, pero había cobrado actualidad ―y morbo― después de que Kennedy sembrara el caos en el mayor organismo de investigación médica de Estados Unidos, los Centros para el Control de Enfermedades (CDC), al despedir la semana pasada a su directora, Susan Monarez, por desacuerdos sobre la política de vacunas. La marcha de Monarez precipitó la de otros altos cargos de los CDC y una carta de apoyo de nueve de sus predecesores, remontados hasta la era de Jimmy Carter (1977-1981). Ella, que ha presentado una demanda para conservar su puesto y no se considera cesada, sostiene que Kennedy dio el paso porque ella no quiso aceptar cambios en la política de vacunas que cree contrarios a la ciencia.