La industria del tabaco ha convertido las políticas de reducción de daños, una herramienta clave en la lucha contra la adicción a la nicotina, en una estrategia de marketing que dificulta el abandono de esta droga legal y busca captar a nuevos consumidores. Este es el aviso lanzado por los expertos en la lucha contra el tabaquismo durante el congreso de la Sociedad Española de Epidemiología (SEE) que esta semana se celebra en Las Palmas de Gran Canaria. “La industria ha secuestrado el concepto”, ha lamentado este jueves Iñaki Galán, investigador científico del Centro Nacional de Epidemiología en el Instituto de Salud Carlos III (ISCIII).
Las políticas de reducción de daños son un amplio paquete de medidas, recogidas en el Convenio Marco de la Organización Mundial de la Salud (OMS) para el Control del Tabaco, que buscan paliar el impacto de un problema de salud pública que está detrás de hasta 60.000 muertes anuales en España. El principal objetivo es impulsar el abandono del tabaco y evitar la exposición al humo de los no fumadores al humo con acciones que van, entre muchas otras, desde el uso de fármacos para el dejar la adicción a la prohibición de fumar en espacios públicos.
En algunos casos, aunque este es un punto que genera debate entre médicos y científicos, la reducción de daños también puede conseguirse mediante el uso de dispositivos como los cigarrillos electrónicos y vapeadores, o presentaciones como las bolsitas de nicotina. Estos productos no están libres de muchos de los daños que genera el tabaco, aunque suelen ser de menor intensidad, y su uso puede ser una alternativa de último recurso para personas que ya sufren problemas de salud a causa del tabaco pero no logran dejar de consumirlo.






