Durante un viaje a finales de 2019, llegado el momento de irse a dormir, Blanca Miñano y sus amigas echaron mano de sus neceseres pero una de ellas, que por entonces vivía en Shanghái, sacó también un aparatito que comenzó a pasarse por la cara. “Todas las que estábamos nos quedamos ahí mirando”, recuerda. “Nosotras íbamos con nuestra crema y ella llevaba su dispositivo”. Miñano contactó con el fabricante y, aunque la máquina no se podía vender en Europa por falta de la certificación necesaria, aquel producto despertó su curiosidad. Comenzó a analizar las tendencias en otros países, a buscar alternativas y a probarlas. En 2020, apostó todo al rojo característico de la luz de algunos de estos aparatos para el cuidado de la piel y puso en marcha Skinvity, una compañía que factura más de tres millones de euros.
La fundadora, economista, entró en contacto con el mundo de las start-up mientras trabajaba en el área de transformación digital de una conocida aseguradora que había comenzado a invertir en empresas emergentes, cuyos modelos de negocio ella valoraba. “Entonces fui desarrollando el interés por el emprendimiento y por conocer un poco mejor las claves para tratar de acertar”, cuenta Miñano, que al principio se desdobló profesionalmente. “Seguí trabajando por cuenta ajena y compatibilizando el emprendimiento con mi trabajo hasta 2021”, asegura. Dejó su empleo en abril de ese año y se dio hasta finales del mismo para ver si su propuesta tenía sentido. Justo por aquel entonces encontró la respuesta mientras participaba en un programa de aceleración. “Te sientas al lado de otros proyectos, ves cómo van ellos y cómo vas tú, y de repente me di cuenta de que Skinvity iba muy bien y que realmente había lo que se llama product market fit. Al mercado le gustaba lo que estábamos haciendo y había brotes verdes”, dice sobre su propuesta, que incluye dispositivos de, por ejemplo, luz led o radiofrecuencia.






