Enrico Tosti-Croce (Génova, 77 años) creció escuchando la historia de cómo su padre, siendo miembro de la Armada italiana, visitó en la década del 30 la Acrópolis en Grecia y se llevó un pedazo del Partenón que encontró en el suelo. La particular pieza de mármol con flores de loto tallada acompañó al jefe de ingenieros del submarino Generale Liuzzi en sus diversas travesías y fue parte de las pertenencias que empacó cuando emigró a Chile a inicios de los 50 para montar una empresa de mecánica, lejos de la turbulenta Europa. Su esposa y sus dos primeros hijos llegaron al poco tiempo y se instalaron en la ciudad costera de Viña del Mar donde, en una repisa ubicada en el comedor, descansaba el trozo del principal templo de la antigua Atenas como “un adorno más”. A comienzos de este año, Tosti-Croce, ingeniero eléctrico, escuchó por la radio que Grecia reclamaba a Reino Unido “las estatuas robadas del Partenón”. En su casa en Villarrica, en el sur del país sudamericano, pensó: “Guau, yo tengo un pedacito del Partenón. Creo que es hora de devolverlo”, relata por teléfono a EL PAÍS.

Cuando los padres de Tosti-Croce fallecieron en 1994, con pocos meses de diferencia, Enrico y sus dos hermanos se repartieron sus objetos. El ingeniero se quedó, entre otras cosas, con la piedra tallada. La ubicó en un perchero a la entrada de su casa, que tiene un pequeño soporte. Así, cuando las visitas ingresaban al hogar, aprovechaba para contar el valor particular de la reliquia. “Algunos me creían y otros no”, comenta con gracia.