A Hansi Flick, entrenador del FC Barcelona, lo avalan los resultados, los que cosechó en el campo, también los que consiguió en el grupo, respetado tanto en los despachos como en el vestuario. Un éxito que le permite al alemán ser fiel a su estilo: mensajes claros. No tuvo problema en mostrarse disgustado con la gestión de las inscripciones —la junta aprobó un aval de siete millones para solucionar la situación de Rashford y Joan García por el cabreo del técnico—, tampoco en enfrentarse a los jugadores en el vestuario del Estadio de Vallecas tras el empate ante el Rayo.
Después de atender a las televisiones con derechos —antes de pasar a la sala de prensa— un mensaje potente: “Los egos matan el éxito”, Flick habló con sus futbolistas. “Cuando fue a las entrevistas cortas con las teles todavía no había podido hablar con los jugadores. Y él quería hablar primero con ellos. La charla que les dio fue bastante dura, un mensaje más duro que en la sala de prensa”, explican fuentes de la dirección deportiva. El vestuario captó el mensaje: “Hansi dijo lo que pensaba, como siempre. Fue duro, pero estuvo bien”, recuerda uno de los azulgrana. Ambos coinciden: “Estaba más dirigido a los delanteros”.






