A finales de julio, el presidente argentino, Javier Milei, y todo su equipo económico negaron de forma tajante la intervención estatal en el mercado cambiario. “Flotaaaaaa, el dólar flotaaaaaaa”, gritaron al unísono entre risas y golpes en la mesa en un programa de streaming. Pero los argentinos vieron en el último mes que el peso se hundía sin remedio y amenazaba con arrastrar con él el principal logro económico del Gobierno ultraderechista, el descenso de la inflación, en vísperas de las elecciones. Este martes, con el peso cambiándose a casi 1.385 pesos por dólar —casi 300 pesos por arriba del piso de la banda y menos de 100 del techo—, el Gobierno comunicó un cambio de estrategia. A partir de ese momento, el Tesoro quedó habilitado para participar en el mercado cambiario y, por tanto, la cotización dejó de fluctuar libremente según la oferta y la demanda.

El anuncio realizado a través de X por el secretario de Finanzas, Pablo Quirno, no hizo otra cosa que blanquear una intervención que había comenzado de forma silenciosa dos semanas atrás. Según estimaciones de las consultoras Vectorial y 1816, el Tesoro lleva vendidos cerca de 300 millones de dólares en el mercado cambiario desde el pasado 20 de agosto.