China celebra este miércoles la mayor exhibición de músculo militar de los últimos años. Se espera que los aviones de combate surquen desde primera hora los cielos de Pekín, mientras miles de soldados atraviesan con paso marcial la plaza de Tiananmén, acompañados por un despliegue de tanques y armamento puntero, incluyendo misiles hipersónicos con capacidad nuclear y sistemas antidrones de última tecnología. El evento, que paralizará la capital china, lleva meses siendo coreografiado al milímetro para celebrar el 80º aniversario de la rendición de Japón en la Segunda guerra sino-japonesa (1937-1945) y el final de la II Guerra Mundial. Si en el terreno militar la República Popular busca proyectar una imagen de poderío, en el campo ideológico Pekín ha percutido con una intensa campaña sobre la “visión correcta de la historia”.
Esto es: una que reconozca la contribución central de China (especialmente del Partido Comunista, el PCCh) en la capitulación de los japoneses y la derrota del bando fascista a nivel global, además de su aportación fundamental a la construcción de la arquitectura multilateral de la ONU surgida tras la contienda. También pretende subrayar que fue la primera gran victoria en la liberación de la nación china, tras un siglo de humillación ante los poderes coloniales.












