Las consecuencias del fuerte terremoto que sacudió el este de Afganistán el domingo por la noche son visibles un día después. El balance de víctimas asciende ya a 1.124 muertos y 3.251 heridos, según las cifras de la Media Luna Roja. Los hospitales están desbordados, con más y más afectados llegando desde aldeas remotas en las que aún hay muchas personas atrapadas bajo los escombros.
Los equipos de rescate, entretanto, tratan de acceder a varias aldeas aisladas de zonas montañosas, y se reconocen incapaces de calcular con precisión el número de personas que continúan atrapadas bajo los escombros. El terreno montañoso y el mal tiempo dificultan el acceso a las áreas remotas, en su mayoría cerca de la frontera con Pakistán, donde el seísmo ha destruido miles de casas de adobe.
“Los heridos siguen llegando y aún recibimos reportes de personas atrapadas bajo los escombros. Algunos ya han muerto, y solo esta mañana tres aeronaves han traído heridos al hospital”, explica a Efe el doctor Sharif Khamosh, del hospital regional de Nangarhar, en Jalalabad, la capital de una de las regiones más afectadas.
El martes, una fila de ambulancias trataba de atravesar una carretera montañosa dañada, intentando acceder a las aldeas de Kunar. Varios helicópteros transportaban, por su parte, suministros básicos y evacuaban heridos a hospitales, según pudo observar la agencia Reuters.















