Terminadas las etapas llanas, llega el momento de la media montaña. Los Alpes italianos nos van a seguir dando pistas sobre el estado del equipo español de cara al domingo próximo, cuando comiencen los cruces que pongan a cada uno en su sitio.

Al final, el triplete de etapas aparentemente planas, ideales para soltar un poco las piernas, no fue tal, pues a las primeras de cambio apareció un inesperado falso llano llamado Georgia que al parecer no lo tenían marcado en la hoja de ruta y que terminó en una pájara de las buenas. Recuperados del susto con una buena reacción ante Bosnia y cumplido el expediente de jugar ante probablemente el peor equipo del Eurobasket, a España le llega el momento de medirse en desafíos de mayor enjundia. Para enfrentarse a estas nuevas exigencias no solo será suficiente con mantener el espíritu mostrado a partir del fiasco georgiano, sino que tendrá que estar acompañado por una mejora en el juego. Y ahí es donde empiezan a entrar más dudas, que solo podrán ser disipadas con una convincente actuación ante un rival de categoría.

El obligado chequeo en la jornada de descanso ofrece evidentes mejoras en el estado general (no cabía otra, habiendo empezado desde tan bajo) aunque sigamos titubeando en cuestiones como el dominio en el rebote, el acierto en tiros libres, o cierta falta de solidez en la dirección. Viendo a De Larrea o Saint-Supéry, me viene a la cabeza algo que me contó el gran Juan Corbalán, leyenda de este deporte. Jugador extremadamente precoz, Juan fue llamado de muy jovencito a entrenar con el equipo de los mayores, donde llegó dispuesto a cometer los menores errores posibles. Hasta que Pedro Ferrándiz le llamó a la banda y le dijo para hacer de pasabolas o guardia de circulación ya tenía a otros. Lo que necesitaba de él era lo que le hacía especial, su desparpajo. A Sergio y Mario les ha caído el gordo antes de lo esperado, y todavía se les ve cohibidos, más pendientes de no pifiarla que de desarrollar su juego. Hasta ahora lo que se refleja en su cara es el peso de la responsabilidad que llevan encima, en especial en De Larrea. Lo quieran o no, el campeonato y las necesidades del equipo les obligan a soltarse, a ser más agresivos sobre todo en ataque, a jugar de una forma menos sensata y ortodoxa y más festiva.