Sus amigas enseguida tuvieron claro que Matilde Muñoz, la turista gallega desaparecida en Indonesia, no se había esfumado por voluntad propia. No existía la opción, decían, que de repente, sin haber avisado, no escribiese en sus redes sociales y no respondiese a los mensajes. Aunque era trotamundos, había construido una red sólida de amigas viajeras con las que permanecía en contacto y con las que quedaba, por distintos países de Asia, a medida que podían. Ellas y su sobrino investigaron y presionaron para que buscasen a Mati, como la llamaban, en la zona de Senggigi, en la isla de Lombok, donde se la vio por última vez. El sábado, cuando hacía casi dos meses de su desaparición, y después de duros reproches y críticas a las autoridades españolas, la policía indonesia halló su cadáver en una playa cercana al hotel en el que se alojaba. Como sospechaban sus seres queridos, la asesinaron en el interior de su habitación para robarle.

“Hemos hecho de investigadores, nos hemos devanado los sesos. ¿Y ellos qué han hecho?“, se pregunta Ana Jorba, una de las amigas de Matilde que dio la voz de alarma, en un escrito en su muro de Facebook. Entre todas, empezaron a reseguir sus pasos por Asia y llegaron a la conclusión de que ya no sale con vida del hotel donde se alojaba, el Bumi Aditya, el 1 de julio, cuando ya no responde a nadie. ”Nuestra teoría es que pasa algo en el hotel”, aseguró a este diario Olga Marín, de la familia viajera de Matilde, cuando aún no habían encontrado el cadáver. Ella puso la primera denuncia por su desaparición en España, el 28 de julio, en la comisaría de Sant Feliu de Guíxols (Girona) de los Mossos d’Esquadra.