Karla Sofía Gascón ya había estado en Venecia, pero nunca en el festival de cine. “Es una maravilla, increíble que me den un premio aquí”, apuntó hoy sábado justo antes de entrar a la sala donde se presentaban ella y los otros ganadores de los Kinéo. Un galardón no organizado por la Mostra. Pero entregado en el corazón del festival de cine más antiguo del mundo. Y después del año alucinante que ha vivido la intérprete, con un doble salto: al estrellato, y luego, hasta el fondo del pozo y el ostracismo. “Obviamente ha sido todo un show para sacar a una persona. Las personas trans no podemos ser un ejemplo para los hijos de nadie, así que tenían que sacar de alguna manera porque solo nos quieren en la sombra”, agregó en Venecia.
Así que la actriz de Alcobendas suma otro capítulo inédito a una vida llena de cambios. En el último año, han incluso acelerado. Primero, encarnó a un narcotraficante que emprende una transición de género, como la que ella misma afrontó, en Emilia Pérez, de Jacques Audiard. Recibió una candidatura al Oscar por su trabajo, segunda intérprete española en la historia, después de su conciudadana Penélope Cruz. Pero, luego, reaparecieron unos viejos mensajes ofensivos y racistas de sus redes sociales. De inmediato, se convirtió en persona non grata para medio mundo del cine. Hasta el equipo del filme le dio la espalda, entre otros muchos. A punto estuvo de no poder acudir a la gala de los Oscar donde era nominada. “Una película en español extranjera, con un personaje de un narcotraficante que se cambia de sexo, interpretado por una actriz trans, que podía ganar el Oscar. Nadie lo quería”, reflexionaba hoy Gascón.









