Alma Anville está acostumbrada a los dilemas endiablados. Es su pan de cada día: enseña filosofía y ética. Ni por las noches para de cuestionar: su casa acoge veladas donde sigue debatiendo con su marido, amigos y alumnos. “No todo se supone que debe hacerte sentir cómoda”, argumenta en el filme. En teoría, nadie sabe moverse en las zonas grises como ella. La práctica, sin embargo, viene a darle una lección distinta. Lo último que vio, al despedir a sus invitados, fueron un profesor y una estudiante que se marchaban entre bromas. Pero, a la mañana siguiente, la joven denuncia otra realidad: continuaron, bebieron algo, él empezó a soltar frases y comportamientos inapropiados. Cometió un abuso, está claro. Aunque, de primeras, Alma duda. El tipo es su mejor amigo. Tal vez no haya ocurrido nada irreparable. Caza de brujas, la nueva película de Luca Guadagnino, presentada fuera de concurso en la Mostra de Venecia, acaba de empezar. Y, con ella, un sinfín de interrogantes sobre el poder, el consentimiento, la revictimización, los matices y su ausencia. También, de paso, el filme da comienzo a otra historia: su protagonista, Julia Roberts, nunca había estado en este festival.
Tal vez, eso sí, imaginara un debut más tranquilo. Quizás le preguntaran por su carrera, su talento, o el cárdigan con la cara de Guadagnino que llevaba cuando pisó Venecia. Pero fue sentarse este viernes en la rueda de prensa y le plantearon si el filme menosprecia la lucha feminista y “resucita viejos argumentos”. “Me encantan las preguntas facilitas por la mañana”, llegó a bromear la actriz, para aliviar la tensión. Antes y después, muy seria, afirmó: “No quiero discrepar, pero me encanta eso de ‘resucitar viejos argumentos’. No creo que esto sea solo resucitar un argumento de mujeres enfrentadas o que no se apoyan. Hay muchos argumentos viejos que se rejuvenecen y crean conversaciones. Lo mejor de tu pregunta es que salieras de la sala hablando de ello. Es lo que queríamos. Que estés encantada o enfurecida depende de ti. Te das cuenta de cosas en las que crees con fuerza porque lo hemos agitado todo. Así que… de nada”. Roberts, de paso, lamentó que la humanidad esté “perdiendo el arte de la conversación”.













