A Predrag Vujosevic le cambió la estrella el 2 de agosto, cuando fue tiroteado mientras paseaba a su perro por el barrio del Eixample de Barcelona. Aquella noche esquivó la muerte, pero perdió la libertad: justicia ha restringido el tercer grado flexible del que gozaba. Con 51 años, y un larguísimo historial delincuencial, su nombre inundó las hemerotecas a principios de los 2000, después de un robo en la joyería Graff, en Londres. La policía le consideró el cabecilla de aquel golpe - cometido en 2003 y valorado en más de 20 millones- del que escapó impune. Y la prensa británica lo remató cuando halló el apodo perfecto para el cómico grupo de atracadores, ataviados con peluca, traje y gafas de sol: panteras rosas (pink panthers), inspirados en las películas que protagonizó Peter Sellers, y la serie posterior de dibujos animados.

Después de espectaculares atracos, detenciones, condenas y ríos de tinta, su nombre se sumió en el olvido. En 2021 volvió a las portadas cuando Vujosevic, alias Marko, fue detenido de nuevo en Tenerife. Aunque ya no robaba diamantes de valor incalculable, ahora se dedicaba a otro negocio tan o más lucrativo que el anterior: el tráfico de cocaína. Pero fue breve: su condenado en 2022 a seis años de cárcel por los 388 paquetes que le encontraron en el maletero de un Citroën Berlingo hallado en Adeje (Tenerife) con 406 kilos de cocaína pasó desapercibida. Aquello se saldó relativamente bien: ni él ni sus dos compinches, también montenegrinos, fueron condenados por formar un grupo criminal, lo que supuso una rebaja de la pena inicial de 11 años que pedía la fiscalía, aunque sí les cayó una multa de 15 millones.