En menos de 24 horas, Ahmet Dikmen, kurdo de Turquía, pasó de estar con su familia de vacaciones a estar detenido con un proceso de extradición. Sobre las 10 de la mañana del sábado 12 de julio, un par de días después de viajar a Valencia con su mujer y dos de sus hijas, el timbre de la casa que habían alquilado para las vacaciones sonó insistentemente. Se trataba de unos agentes de policía, que acudieron al apartamento para detener al padre. Lo metieron en un coche en dirección a Madrid, donde lo sometieron a un juicio que, según el kurdo, “no duró ni tres minutos” y en el que le decretaron prisión provisional. Dikmen pasó 12 días en la cárcel de Soto del Real, con la posibilidad de ser extraditado a Turquía, de donde huyó a Bélgica en 2012 por las presiones del Gobierno en Ankara sobre los activistas kurdos. El hombre ya se encuentra de vuelta en Bélgica con su familia, pero ha perdido parte de su confianza en la Unión Europea y vuelve a temer por su seguridad. “Ahora siento que ya no estoy seguro en Europa. Todavía no he podido superar del todo ese estado psicológico”, cuenta.
Horas antes de su detención, cuando Dikmen dio sus datos para acceder al apartamento turístico que habían alquilado, a la Policía le saltó una orden de detención de Europol contra él por su presunta vinculación a un grupo terrorista en Turquía. Cuando fue detenido, sin que su familia tuviera información, fue trasladado a Madrid y puesto a disposición judicial en la Audiencia Nacional, que inició un procedimiento de extradición contra él y decretó prisión provisional. Al ser una decisión judicial, fuentes del Ministerio del Interior explican que llevaron a cabo el proceso protocolario y que, en este tipo de casos, no tienen “margen de maniobra”.






