VUELTA A ESPAÑAETAPA 6
En dos etapas pasadas, UAE le pidió a Jay Vine, pinganillo mediante, que bajara las revoluciones, que dejara de remar, que se regodeara con los Alpes italianos sin llegar fuera de control. Táctica tan lícita como fructífera porque en Andorra se vio al Vine de la Vuelta de 2022, cuando se descubrió al mundo tras venir de competiciones de carreras virtuales con Zwift, cuando se coronó con dos etapas en Pico Jano y Colláu Fancuaya. Le alcanzó ayer con meterse en la fuga y, después, con un ataque demoledor en la bajada antes de la última ascensión, riesgo de topetazo y promesa de oro. Abierta la brecha, puso el molinillo en marcha y ya nadie le pudo toser, escalador puro, tan jinete solitario como ganador. Poco le importó a Torstein Tréen (Bahrain), nuevo líder de la carrera porque Visma y el resto de los equipos decidieron que no era día para rifirrafes ni garrotazos, acaso en el último kilómetro.
Llovió con ganas durante la noche en Olot y amaneció con bruma, encaminado el pelotón hacia Andorra y sus montañas, biruji del bueno. Era la primera etapa que miraba hacia arriba de verdad, la que pondría a todos en su sitio. Al menos, definiría quién está para luchar por la gloria y quién se quedará con las ganas, como Landa y Ayuso, que evidenciaron su falta de ritmo.












