Stephen King publicó It (DeBolsillo) en 1986. Desde entonces hasta hoy no ha perdido un ápice de fuerza, siendo considerada como la gran novela americana de terror, a la altura de Moby Dick según algún que otro crítico, y uno de los libros más electrizantes de toda la narrativa contemporánea.
Se trata de una historia inquietante donde un ente sobrenatural —que se disfraza de payaso— tiene aterrorizada a la población de Derry. Ante la amenaza, un grupo de adolescentes deciden —por su cuenta y riesgo— ponerse en acción y acabar con dicho engendro. Hasta aquí todo bien, no vamos a destripar la trama, pero sí vamos a interesarnos por la parte científica. Porque Stephen King sabe cómo lograr el realismo en cada una de sus historias a las que añade —con maestría y mucho oficio— la dosis adecuada de terror.
En uno de los pasajes de esta novela, la pandilla de adolescentes se dispone a buscar tablas y maderas para darles un uso muy particular. Algunas de las que encuentran están astilladas y otras tiene clavos herrumbrados que hay que arrancar con el extremo de los martillos. “Si te cortas con un clavo herrumbrado te puede dar tétanos”, le dice uno de los chicos a otro. Tras hacer un chiste fácil con la palabreja, explica que no tiene que ver con las “tetas”, sino con microbios que crecen en la herrumbre. Ya puestos, ¿a quién no le han puesto una inyección antitetánica? Los veranos son muy proclives a ello y más aún a esas edades en las que el mundo que te rodea se ofrece como un juego sin peligro.






